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martes, 2 de junio de 2009

La cereza en el pastel

El domingo, los aficionados de Pumas nos queríamos volver locos; Universidad Nacional ganaba su sexto título y nos regalaba una alegría inmensa a todos sus seguidores.

Muchos de los que vivimos acá en el DF, pensamos en ir a celebrarlo al Ángel.
Por televisión dijeron que los Pumas harían recorrido en el estadio y en el Ángel, así que en cuanto terminó el partido, yo estaba más que puesto para el festejo y para ver a los nuevo héroes. Salí de mi habitación para apresurar a mi primo y mi sorpresa fue verlo listo ya, igual de emocionado que yo. Sólo se limitó a decir "¿qué pedo wey? ¿ya estás?".



Salimos rápido, llenamos el coche de playeras, banderas, muñecos y letreros con consignas como "cómo no te voy a querer?!" y "pumas campeón". Luego trazamos la ruta: primero daríamos una vuelta por CU y ya de ahí partiríamos al Ángel para esperar a los campeones.






Desde antes de llegar al estadio, sobre insurgentes, empezaban los claxonazos; sobre la negra noche, la ilumiada torre de rectoría se veía mas hermosa que otros días, y ya en las inmediaciones del estadio, el ambiente era imejorable: las banderas agitadas, las familias, los goyas... chicos y grandes con cara de alegría y emoción.
No nos bajamos del auto, sólo pasamos para ver qué tal estaba el ambiente. De ahí continuamos la ruta para el Ángel.
En cuanto más nos acercábamos, crecía el número de aficionados que se dirigían al mismo punto. Era una fiesta de un convoy rodante, todos cantando. Cuando el semáforo se ponía en rojo había quien se bajaba de su auto y comenzaba a saltar, no podía haber mayor alegría.
Ya a unas cuadras del Ángel, lo primero que hice fue preguntarle a un policía sobre si ya había llegado el Turibús que transportaba a los campeones, a lo que me respondió que no, que tardarían como 2 horas. (a penas eran las 12 de la noche)
Avanzamos más y por fin dimos con el festejo, ahí estaba la fiel afición, la de siempre, los que quizás no asistan cada 15 días al estadio, pero que toda la vida siguen a sus Pumas, ahí estaban todos, aguantando el frío y la desvelada con tal de festejar lo obtenido.
Mi primo y yo nos unimos al festejo, desgarramos la voz con el goya, cantamos el himno, saltamos y, sobre todo, esperamos pacientemente la llegada del Turibús.
Eran casi las 2 de la madrugada y algunos comenzaban a desesperarse, otros, de plano ya se iban. Sin embargo muchos nos quedamos ahí, a seguir esperando. En el cielo comenzaron a sobrevolar más los helicópteros, y algunos (yo me incluyo) lo tomamos como señal de que lo hacían porque ya venía el equipo. Pero nada pasó.
Después, miembros de las barras de los Pumas comenzaron a abrir camino (a base de empujones) para que pudiera pasar el camión, entonces la esperanza crecía, sin embargo no pasaba mucho.
Poco tiempo después comenzaron a decir que ya venían, y su evidencia eran unas lejanas luces de patrullas que se alcanzaban a ver, decían que venían escoltando al equipo campeón. Sin embargo, yo nunca vi que esas luces avanzaran.
Ya como a las 3 de la mañana, comenzaban los primeros rumores, que Pumas se quedó festejando en el Radisson (el hotel que está sobre periférico en frente a Perisur)... Mucha gente seguía yéndose.
"Tuca no tengo toda la noche para esperarte, mañana tengo que chambear" gritaba un aficionado al calor de las risas y los cánticos.
Después los rostros eran sí, de alegría, pero también un poco de desesperanza y desilución. Había personas que le preguntaban a los policías sobre si sí vendrían los Pumas, a lo que los uniformados respondían que ya no.
Yo me mantuvé ahí, esperanzado.
Ya pasadas las 4 de la mañana, la mayoría de la afición se había marchado con esa mezcla de alegría por ver al equipo campeón y tristeza porque no llegó el festejado.

Sólo quedábamos algunos cuantos, en su mayoría la banda etílica que aprovechaba para seguir tomando y divertirse, por ahí había alguno que otro borracho haciendo desfiguros, o los que de plano ya ni podían hablar o caminar.
Poco después de las 4, mi primo y yo decidimos marcharnos. Y sí, yo también estaba feliz pero a la vez un poco desilucionado por no ver al campeón. Los dos nos preguntábamos uno al otro con cierto aire de decepción: "chale... ¿por qué no habrán venido?".
Reconozco que hasta antes de dormir, estaba un poco molesto.
En la mañana me levanté como a eso de las 10, y lo primero que hice fue checar en la compu por qué chingados no habían llegado los Pumas la noche anterior.
Todas las notas decían que simplemente no pudieron llegar por la cantidad de personas que había, y que se quedaron a celebrar en el Radisson. Yo sólo me dije dentro de mí "puuta! si dijeron en la tele que irían al Ángel, y toda la banda con frío y desvelada esperándolos".
Ya en la noche me enteré que los nuevos campeones dieron en la mañana una vuelta por las inmediaciones del circuito de la Universidad. Aunque no estuve ahí, la noticia me llenó de alegría, me puso feliz el saber que el equipo compartía su título con la afición, con la comunidad que reperesenta (los universitarios), y ahí en sus instalaciones, paseándose por afuera de las facultades, entre chavos con libros y playeras de los Pumas.
De inmediato se borró en mí el sinsabor que me había dejado la noche anterior de no verlos llegar. Definitivamente la temporada de Pumas estuvo llena de partidos cardiácos, que se sacaron sobre el final (sobre todo en la liguilla); y pienso que quizás muchas veces no hubiera sido así, si no es por la fiel afición que tiene el equipo, que lo sigue a todas partes y no deja de alentar jamás sea cual sea el resultado.
Esa es la razón por la cual el equipo tenía que celebrar ese título con su afición, y quizás tarde pero llegó el momento. Era la cereza que faltaba en el pastel.