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jueves, 31 de diciembre de 2009

Breve aclaración de paredes y lados.

Llegar y establecerse en algo, y sentarse a disfrutarlo cómodamente, es quizá la mejor manera de hacer una sutil (y a veces valiente) insinuación a la muerte. Basta mirar a los viejos con la cabeza plateada, más llena de respuestas que de inquietudes, intentando dejar al mundo su sabiduría que sólo se llega a comprender en su totalidad cuando tenemos, de igual manera, las sienes blancas.

La no quietud es movimiento, la vida es movimiento. Vivir es no estar fijo. Y aunque no soy un declarado eterno amante de la vida, me reconozco como un ser no estático que un día está aquí y el siguiente allá; en cuya mente las inquietudes aparecen con la frecuencia de las olas al mar. Existe entonces la esperanza de un día ser viejo y sabio, para sentarme cómodo y sereno a observar las inquietudes de otros.

En lo que llega ese momento, sigo aquí con todas esas cosas pasando en mi cabeza de manera fugaz; escribiendo en un blog ligado totalmente a mi persona. Por ende, él está sujeto a toda inquietud que me ocurra.
Una de ellas tenía que ver con el nombre del blog. Desgraciadamente siempre que creo tener una idea brillante me encuentro lejos de algo con que plasmarla. Y cuando busco alguna de ellas, se encuentran agotadas. Fue el caso al abrir y comenzar a imaginar lo que podría ser este espacio, estaba todo ahí, dibujado en mi mente, listo para comenzar a concretarse de a poco cuando me topé con el primer problema: el nombre. ¿Cuántas veces no habré inventado nombres ociosos para cosas ociosas? Recuerdo que demasiadas, y en ese momento no pude hallar uno solo que fuera de mi total satisfacción.
Me vino entonces una palabra que siempre quise utilizar para algo especial: technicolor. En parte porque me parece peculiar y porque es inevitable asociarla con el color, a la vez el color en sus formas diversas son emociones, y las emociones son vida humana.; y qué mejor que usar una palabra ligada a tales cuestiones para nombrar el blog encadenado a la vida de un ser humano y lo que le rodee. Paralelamente no niengo tener una enorme fascinación por el tema Mariposa Tecknicolor de Fito Páez, y si bien el presente blog  no es un homenaje a tan grande compositor, el utilizar la palabra tecknicolor (sí, con k en lugar de h) para nombrar este esapcio es un pequeño tributo, un breve acto de presencia del encargado del soundtrack de la película que vivo a diario de manera indefinida (o al menos no conozco su prolongación, ni mucho menos el final).Definido esto aparecía una nueva pregunta en mí: ¿tecknicolor y qué más?Trás horas de buscar algo con qué combinar tecknicolor que me causase satisfacción, decidí combinarle con la palabra lado.

martes, 29 de diciembre de 2009

Desde el vacío.

Hace mucho pensé más sencilla la labor de ser escritor. De hecho, cualquiera puede serlo; actualmente podría ser sencillo para una persona seleccionada aleatoriamente (por ahora es irrelevante tomar cifras sobre cuántos habitantes del mundo tienen o no acceso a un ordenador con conexíón a internet) el tomar la computadora más cercana y abrir un espacio en donde más le plazca para que plasme libremente su sentir y lo ponga al alcance de millones de personas repartidas en rincones diversos del mundo.
Sobre todo cuando se anda borracho de emociones, cualquier medio de expresión que de flujo exterior a los sentimientos es efectivo. Yo lo hago, escribo.

Sin embargo, muchos de los grandes escritores tienen una fabulosa capacidad de abstracción. Lamentablemente yo lo descubrí el día que la hallé ausente en mi persona.
No sé cuántas entradas publicadas tenga mi blog, pero sé bien que hay un montón guardadas en la memoria y que están sin publicar; ideas intensas e inconclusas que están ahí mermadas por un giro emocional de su creador:
¿cómo escribir cuentos de amor cuando no hay amor? ¿de dónde sacar el odio para terminar de asesinar cruelmente a un personaje surgido en una noche de transtorno? ¿cómo crear en el vacío y cerrar esos ciclos abiertos que quedaron así porque me venció el sueño o me ahorcó el tiempo?

Volver en seco

Lamentable y eterno... por jotaésima ocasión no descubrí el hilo negro: existe gente que come nada y que caga mierda y se pudre en mierda, y de amor no entienden nada, y sí de mierda fresca y de dura plata.

jueves, 10 de septiembre de 2009

La esquina de la calle S...

El sol de media tarde se encarga de iluminarla. Ubicada en aquel sitio entre los rincones cualesquiera de la ciudad donde en un instante quedan plasmados fragmentos de vidas que nos son ajenas; insólitas procedencias, rumbos desconocidos. Pedazos de aliento que al segundo siguiente ya no están y que se van sucediendo infinitamente.

La esquina de la calle S… con la Gran Avenida se muestra añeja y monumental, nadie se pregunta cuando apareció y no importa ya, pareciera que está ahí desde el mismo día que Dios separó las tierras de las aguas (aunque por alguna razón decepcionante sabemos que no fue así.).

Nuestra esquina luce más ordinaria que nunca, toca con precisión la parte más baja del vaivén del péndulo: el justo medio donde se halla la normalidad. Tal vez sea setiembre u octubre porque los rostros de la gente denotan los inicios de la aparición de la fría humedad que cala hasta los huesos, propia de la época.
En la escala de grises de la cotidianidad se alcanzan a vislumbrar vivos anaranjados oscuros, cadáveres secos y errantes de hojas.

Del bullicio provocado por el conjunto de almas concretas, se desprenden conversaciones que se pierden una entre las otras y se mezclan con el industrial sonido de los autos, con carcajadas, con el pitido de un silbato perdido, con música, con el sonar del viento arrancándole la vestiduras a los árboles y llevándoselas lejos; en fin, es el silencio que se calla y se transforma en una enajenada masa de ruidos de todos colores. Ondas sonoras que viajan y perturban el aire donde descansan las partículas picantes de olor de alcantarilla o de perfume fino o de saliva fresca.

Aplacado en una pared está el clochard de siempre con la mirada dispersa, que quién sabe por qué se ríe de las dos chicas que toman café en la terraza de la acera de enfrente y escuchan con vaga atención a los tres estudiantes de música afuera de la vieja tienda de sombreros, que con humildes instrumentos se encargan de interpretar el blues más melancólico, inspirado quizás por la vieja y el joven que pasaron instantes antes tomados de la mano y aprovechando ese rincón de la ciudad para no ocultar su clandestino amor; sin importarles las críticas que escucharon cínicamente pasos atrás de un pequeño grupo de parnas que bromeaban y esperaban a decidirse si entraban al pub de donde acababa de salir un solitario y decepcionado hombre que pensó viable suicidarse si tuviera el arma de fuego del policía que dirigía el tránsito, y a la vez miraba con sospecha a un sujeto que llevaba los hombros encogidos y caminaba con premura porque le había robado la cruz de oro a una monja que se había distraído mirando desde afuera del aparador de la vieja tienda de sombreros a un bebé de pizpiretísimos ojos que apuntaba su dedo hacia la mancha de forma graciosa dibujada en la blusa blanca de una de las chicas que tomaban café en la terraza…

martes, 28 de julio de 2009

Sobre errores y disculpas.

El domingo pasado al llegar a casa de mi tía, encontré que tenía en una mesita, un montón de hojas en blanco y negro, con todas y cada una de las entradas con las que contaba el blog hasta ese día. Fue grande mi sorpresa, puesto que pensé nadie pondría mayor atención en este espacio.

Es muy distinto crear de este lado, a leer del otro, sobre todo cuando lo hecho está plasmado en papel; no supe cual debería ser la sensación correcta ante esa circunstancia. Tomé las hojas, como si no conociera su contenido, hasta con ese cierto interés que uno tiene cuando se va a leer algo nuevo. Mis ojos se fijaron aleatoriamente en algunos párrafos, y noté que tengo varios errores, normales a la hora de redactar, errores que con una buena revisada desaparecen (repetición de palabras, texto no justificado, errores ortográficos, etc.)
Sucede que tras escribir un nuevo texto, el ansia de publicarlo me invade, y las largas horas escribiendo hacen que no me de cuenta sobre mis distracciones. Después de ese proceso de pensar-ordenar-escribir, termino saturado de tanta letra, sé que lo debo revisar antes pero no, no puedo, no puedo; la paciencia no da para más. Así que lo único que hago es darle un pequeño y ligero scanning, y !listo!; al fin puedo hacer click en ese botón naranja que dice PUBLICAR ENTRADA.
La semana pasada me di a la tarea de leer lo más detenidamente posible mis entradas, y corregir todos esos detallitos. Creo que la mayoría quedó bien, aunque por ahí tal vez quedó algo que se me escapó. De ser así, de antemano pido una disculpa para quien pudiera estar leyendo esto.
En otros asuntos, Una Pared en Tecnknicolor es un espacio marcado por la esporádica aparición de las entradas, sin orden, sin tema. A veces el tiempo o la vida misma no me dan para escribir algo nuevo, sin embargo por ahora ese no es el caso. En la última semana me he visto ocupado por tareas que se relacionan en parte a este blog, escribo una novela corta y un cuento (de los cuales tal vez suba algo al blog, aun no lo decido), trabajo en tres entradas, para un par de ellas la inspiración es netamente cruda y urbana; la otra tiene por tema principal el relatar las maravilas de un pueblito que visité en la Península de Yucatán; pero sobre todo leo Rayuela de Cortázar, trato de aprender, al tiempo que me veo envuelto en París en el mundo de Oliveira y La Maga; Buenos Aires, Manolo y Talita.

Así han transcurrido estos días, con muchas ideas que se enfrascan en una loca carrera por alcanzar su culminación en tinta sobre papel, en caracteres de computadora, en letras cualesquiera... antes de que los textos de ciencia económica comiencen a invadir mi vida.

sábado, 18 de julio de 2009

El rumbo de Una Pared en Tecknicolor.

En abril comencé con esto del blog. La verdad, la idea de escribir tiene rato que habita en mi mente, pero jamás consideré desarrollarla por este medio.
Todo pasó un día de abril, cuando me enteré que, para cubrir horas del servicio social por una beca que recibo por parte del GDF, una de las opciones era crear un blog y ahí subir fotos sobre ciertas actividades de reciclaje que debía yo seguir.
Abrí una cuenta en Google, luego en Blogger y por fin, con cuenta creada, llegué hasta este espacio en blanco el cual se observa cuando uno escribe una entrada. Lo miré quizá, como mira el pintor el lienzo nuevo, o como el patinador la pista.
En ese momento, decidí que no quería malgastar ese lienzo en sólo cumplir el servicio de la beca. Yo lo quería para algo más, aunque no sabía con precisión para qué. Y, ante esa sensación de ansiedad por abrir el espacio, dar la primer pincelada en el lienzo; escribí La primera entrada.

En ella, como dije, aun no tenía claro bien que quería hacer yo con el espacio; así que como en automático puse que pondría cosas que generaran consciencia, que tuvieran utilidad, que quitaran el aburrimiento, etc. Hoy en día, si bien no me arrepiento de los objetivos de La primera entrada, tengo más claros los objetivos del espacio.

Con el avance de la tecnología, los medios de comunicación se han puesto al alcance de prácticamente cualquiera que posea una computadora. Antes, ese poder mediático era un tanto exclusivo del comunicador que salía en la tele, o del que escribía en un periódico, aunque también es cierto que nunca dejó de haber información desde la clandestinidad, por llamarlo de un modo.
Al estar un medio de comunicación tan al alcance de las personas, tenemos que ahora la influencia que tenía cierto columnista de equis periódico, lo tiene también un chavo cualquiera de un poblado desconocido del planeta mediante un blog o una página web de red social.
La ventaja es que ahora se pueden encontrar más fuentes, más opiniones. La desventaja es que la información se ha vulgarizado y actualmente cualquiera es una voz autorizada para tocar el tema que más se le antoje, para generar información (más no contenido) queriendo jugar quizá, el papel de los medios de comunicación.
Un usuario de internet, normalmente tiene un tema en la mente, del cual busca información y opiniones a través de distintas fuentes. En su mayoría, son temas de actualidad, política, economía, celebridades, arte, etc. Es ahí, cuando otro usuario, que tiene un blog, un myspace, twitter, etc. Busca, con intención o sin ella, esos temas de interés general y al tocarlos, adquiere popularidad mediante los usuarios que buscaban algo relacionado con alguno de los citados temas.

Lo peligroso de esto es que ante la inexistencia de un ente regulador de información (más afortunada que desafortunadamente), las opiniones no fundamentadas adquieren fuerza, y muchos rumores se toman como verdaderos, generando confusión y desinformación entre los usuarios que no ponen en duda lo que leen.
La labor del comunicador, es tener un mensaje, difundirlo mediante un medio y que ese mensaje llegué hacia un receptor. Si el mensaje no llega al receptor entonces la labor no está completa.

Hace unos días, una persona cercana a mí que leyó mi blog, me comentó: "ayy o sea! están bien aburridos los temas de tu blog, ni quien lo lea". Sus palabras crearon eco en mí, no porque me hayan lastimado, sino porque me pusieron a reflexionar sobre para qué estaba hecho este blog.
De ningún modo pretendo ser la voz autorizada que pretende opinar soberbiamente sin mesura sobre cualquier tema, ni mucho menos busco sustituir la labor de la prensa. Es más, no intento abordar forzadamente temas de interés general.

Este blog responde a la inquietante necesidad que existe en mí, de ver plasmadas en letras ideas, opiniones, argumentos; que surgen en mi mente. Los temas sobre los que escribo, me interesan a mí, me llenan a mí. No es prioridad que mi mensaje encuentre ese receptor, aunque tampoco evito que esto suceda. Tampoco me obsesiona tener millones de visitas y miles de seguidores.
Una Pared en Tecknicolor está hecho para expresarme, no para vender ni para conquistar.
Insisto, todas las letras que acá aparecen, responden a una necesidad interna.

Partiendo de esto, si con mis letras puedo generar, aportar; que bien, es un plus que igual provoca satisfacción en mí, una satisfacción que no me obsesiona.

Hace unas cuantas horas, un amigo me dijo: "dicen que si el texto no entretiene no cumple su funcion ,y we, tú entretienes".
Me quedo con eso.

Sobre ¿ciudadanos sustitutos?

Hace uno o dos meses, no sé; escribí una de las primeras entradas a este blog: ¿ciudadanos sustitutos?

Al final de ella, quedo en darle seguimiento a los demás candidatos que se presentaran en mi colonia para la contienda electoral. Lo siento, el candidato del PAN hizo una reunión en una casa, a la que no pude asistir debido a motivos personales. Sobre los otros candidatos para la asamblea local, no tuve noticias. Y menos los que disputaban diputaciones federales, niguno se apareció por la colonia. Tampoco tuve noticias de los candidatos a delegados.

Yo no voté, no puedo, pero mi pregunta es: ¿cómo le habrán hecho mis vecinos para votar?, ¿votaron por alguien que no conocían?... en fin, si así fue, que decepción.
Me hubiera encantado tener en el blog, más enfoques, más propuestas. Espero poder dar seguimiento a los que salieron victoriosos en la contienda, ojalá alguno se venga a parar por el rumbo después de haber obtenido lo que buscaba.

La decepción por no haber escuchado más propuestas políticas y traerlas al blog, estuvo en mi mente varios días. Pero bueno, no quería dejar inconcluso el asunto por acá, así que por eso explico el por qué de la falta de más palabras de candidatos en este espacio.

La Silla del Águila.

La Silla del Águila, de Carlos Fuentes; es una novela que nos transporta al hipotético 2020, en una situación en la que México no apoya ante un órgano internacional a los Estados Unidos para intervenir en Colombia, y los gringos como represalia, deciden tirar las telecomunicaciones para los mexicanos.
La historia se enfoca en la clase política mexicana de ese entonces, que trás las acciones estadounidenses, su único modo de comunicarse está en las cartas (...!sí, ésas! como las de antes... las de papel... de las que ya no escribimos). Así pues, se desarrollan conspiraciones, enamoramientos y enredos en un círculo ajeno a la mayoría de los mexicanos, que hacen parecen a la historia algo más real que ficticio.
El libro no está mencionado en este blog sólo por llenar un espacio. Escribo sobre él debido a que se convirtió en un de mis favoritos. Si bien es cierto que llegó a mis manos, un poco a la fuerza por tener que leerlo para hacer un trabajo escolar, también es verdad que la trama me atrapó y me pusó a reflexionar ampliamente.
Ese trabajo escolar era un ensayo del libro, pero no sobre una crítica literaria, sino un ensayo basado en la reflexión que el texto nos deja sobre el entorno social actual, en especial, el político.
A pesar de mi gusto por escribir ensayos, mi primer traba fue que éste tenía que tratar de política. La política me interesa, la leo; pero no me siento lo suficientemente preparado para hablar de ella y sustentar alguna idea expuesta.
Sin embargo, trás darle vueltas al asunto e intentando ser objetivo, sútil y contundente a la vez; pude realizar por fin mi ensayo, cuyo resultado final fue de todo mi agrado. Tocando temas como mi personal presepción del sistema político mexicano: sus normas, fenómenos como el presidencialismo o la partidocracia, el papel que juegan los medios dentro de él y la corrupción que hay en éste.
A continación, comparto el breve ensayo en este espacio.
El eterno sistema político mexicano.

El sistema político mexicano, desde tiempos remotos, ha estado ligado fuertemente con un hecho que como sociedad nos consterna pero que, sin embargo, hemos aprendido a convivir con ella en el día a día: la corrupción.
Para concebir dicho sistema, podríamos imaginar una maquinaria que funciona mediante engranajes. Unos de mayor tamaño, representando a los más poderosos, otros de menor tamaño en representación de los que no poseen tanto poder, pero que sin estos engranajes menores la maquinaria no funcionaría correctamente. La política misma se encarga de mover los engranajes y éstos a su vez son lubricados por la corrupción. Cabe señalar que la corrupción no es algo exclusivo de nuestro sistema político, también se presenta en otras naciones, sólo que nuestra idiosincrasia local permite que la corrupción normalmente sobresalga: “La diferencia con México es que en Europa o Estados Unidos se castiga y en América Latina se premia o se pasa por alto”. (1)

Existen definiciones diversas sobre la política, y en algunas de ellas se tiene la similitud de que es considerada como un arte. Como todo arte, posee una parte teórica y una práctica. Para ser un político trascendente, se debe aprender la política desde adentro de ésta misma, la práctica conlleva a la teoría. La teoría no se encuentra establecida en libro alguno, sino que son dogmas no escritos que el sistema, mediante el desarrollo de la práctica, ha establecido. El político exitoso aprende a usar a su conveniencia este conjunto de normas y reglas que impone el sistema, y con ello reconoce y acepta la supremacía de éste. El político que no acepta al sistema, hace política desde las sombras, donde nadie lo ve y, al no ser visto, prácticamente no existe.
Las corrientes ideológicas van modificando y renovando al sistema, pero aunque el sistema adquiera fines distintos, su modus operandi seguirá siendo el mismo.

Como se estableció en un principio, el asunto de la corrupción actualmente puede ser una moda entre los medios masivos, pero su existencia no es nueva; ha funcionado como una mano invisible que se ha encargado de protagonizar, ahí desde la penumbra, memorables pasajes de la historia de México. “Si desde la Colonia española se hablaba en Madrid del “unto mexicano”, es decir la mordida, la corrupción, la coima, la transa, como curso legal de “las influencias”.” (2)
Podría asegurarse que la corrupción ha pasado ya a formar parte de nuestra cultura.

Los políticos que entran al sistema únicamente buscan la obtención del poder en todos los aspectos, ya sea mediante influencias o por cargos públicos. Los que tienen acceso a cargos públicos se encargan de seguir los cánones políticos establecidos por el sistema, dejando de lado la parte de ser servidores públicos y brindar un servicio al pueblo.

Quizás el sueño oculto de todo político mexicano sea el de llegar a la presidencia. El cargo representa la soberbia culminación de una ambiciosa carrera política, el presidente que inicia su cargo sabe que durante seis años será poseedor de todo el poder de un país, aunque el costo sea alto e implique el retiro de la vida política de manera permanente (reglas no escritas del sistema): “Tenemos dos reglas de oro para la política mexicana. Una es benigna: la no-reelección. Otra es más severa: el exilio. Pero la razón es la misma: todo malhechor es reincidente…". (3)
La victoria de ser Presidente desemboca fatalmente en la derrota de ser expresidente. (4)

Pero el ocupar la silla presidencial no es sólo una ambición sin razón de ser. México se rige por un modelo republicano democrático, mediante el cual se presenta la división de poderes por parte del estado: ejecutivo, legislativo y judicial. Existen teóricos que afirman que el poder más importante debe ser el legislativo, ya que de modo alguno representa a la población en general y se encarga de elaborar las leyes que regirán a la sociedad. Sin embargo en México se ha presentado el fenómeno del presidencialismo.
De este modo, el presidente muy bien puede compararse con los antiguos tlatoanis aztecas, siendo el centro del poder político durante su monarquía sexenal. Este fenómeno responde principalmente a las dictaduras a las que ha estado sometido el país, sobre todo a la que surgió después de la Revolución (irónicamente revolución contra una dictadura) y que estuvo a cargo no de un solo personaje, sino de una institución; que aparentemente estaba acabada y que actualmente parece resurgir no por sí misma, sino por los errores que han cometido sus rivales.

El PRI fue la válvula reguladora de todo lo que ocurría país durante más de medio siglo. Se encargó de albergar en sus filas a todos los diversos sectores de la sociedad (tan severamente fragmentada tras la Revolución) y de generar acuerdos superfluos que llevaban engañosamente a un estado con una forzada, pero a la vez anhelada por parte del pueblo, gobernabilidad.
Todo lo controlaba el PRI. El que quería hacer política debía hacerla desde las filas del PRI, el que no accedía era minimizado o hasta eliminado. Los medios de comunicación estaban también bajo el yugo de la gran institución. Incluso la oposición era regulada por el PRI, éste se encargaba de darle los espacios para desempeñarse y permitir su existencia sin que ésta amenazara el poder del gran partido. “La dictablanda del PRI era suavizada por un cierto margen de tolerancia hacia las élites mexicanas, sus críticas, burlas y opiniones generalmente poco informadas. Poetas, novelistas, uno que otro periodista, los caricaturistas, nuestros inefables muralistas, podían decir y dibujar más o menos lo que quisieran. Eran críticas de la élite intelectual a la élite gubernamental”. (5)

El PRI se encargó también de llenar el vacío que dejó la desunificación en el país posterior a la Revolución, mediante una figura fuerte, con poder basto y excesivo, pero a la vez que no pareciera tan autoritario y que actuara como si el país viviese bajo un verdadero sistema democrático: el presidente de la república.
Éste era un hombre que, naturalmente, obedecía y no ponía en entredicho los intereses de su partido, con una gran credibilidad y confianza por parte de sus gobernados, impávido y sagaz tanto en su imagen como en su accionar, para tomar por sí sólo las decisiones más importantes de todo un país; que a su vez dotaba de poder a quienes verdaderamente gobernaban en la práctica del día a día: líderes sindicales, caciques locales, etc. “…¿qué tal los gobernadores, los alcaldillos, los militares de provincia, las fuerzas policiales en general y hasta los pinches aduaneros? Toda una caterva de poderes locales… que actuaban con impunidad corrupta y caprichosa. Sólo los corruptos eran libres. Creamos una cultura de la ilegalidad, hasta cuando el Presidente obraba legalmente o lanzaba “cruzadas morales”. (6)
Tal vez de esta situación, surja otra regla no escrita de la política nacional: “Es un error creer que el Presidente sólo domina a los débiles. Lo más necesario pero lo más difícil es dominar a los poderosos.” (7)

Toda esta impresionante muestra de poder es la que movía las ambiciones de cualquier político para llegar a la Silla del Águila.

Sin embargo la misma ambición que llevó al PRI a crear una dictadura, fue la que lo llevó a perder el poder, y no haciendo referencia en la presidencia de la república, sino en esos pequeños regímenes locales, esas piezas pequeñas del engranaje que, como dijimos, son las encargadas de gobernar en la práctica.
Hoy en día, aquella imagen del presidente-tlatoani no existe más. Al frente del ejecutivo, encontramos a un hombre de aspecto temeroso, que sus decisiones parecen provenir no de su autoridad, sino de intereses de cualquier otro individuo.
Esa falta de fuerza por parte de su gobierno, radica desde el momento mismo que salió electo. “Un gobernante puede ser bueno o malo, pero siempre necesita ser legítimo. O ser visto como tal.” (8) Uno de los grandes problemas políticos del actual mandatario es su controversial legitimidad, no porque anteriormente no haya habido procesos electorales turbios; sino porque por circunstancias o por incapacidad propia, no ha podido sobreponerse a la falta de credibilidad sobre la legitimidad de su elección, como lo han hecho mandatarios anteriores. Quizás la gran cuestión aquí sea: si el mandatario no ha sabido utilizar la política a su favor para salir avante de la sospecha sobre su legitimidad ¿cómo habrá de tratar y resolver los demás temas políticos del país? Definitivamente no existe la certeza de que el sujeto que está en la Silla del Águila sea alguien lo suficientemente preparado para resolver de manera inteligente los problemas que aquejan al país.

Todo lo expuesto con anterioridad se lleva a cabo en el marco de un pueblo ignorante, que sabe lo que quiere más no lo que necesita, y mucho menos conoce cómo llevar a cabo sus demandas; y que ante la desesperanza de no recibir beneficios, cae en un impasible y abúlico letargo; generado a conveniencia por el mismo sistema gobernante. Frente a esta situación la sociedad ha tomado una postura aparentemente cómoda: “Los mexicanos acostumbran culpar de todo al “sistema”, sea cual este sea. Jamás se culpan a sí mismos como personas o como ciudadanos.” (9)
Sin embargo, a casi cien años de la gran renovación en el sistema político mexicano, la Revolución Mexicana, diversos fenómenos convergen para que éste y la sociedad aparenten estar nuevamente al borde del colapso. La sociedad mexicana no tiene memoria y de seguir así, en un tiempo será inminente la aparición de otro movimiento radical que busque impactar y hacer una limpia en lo más profundo de lo sistema gobernante.

Para finalizar, habría que ser conscientes e insistir que, los mexicanos gobernantes quizás no sean tan distintos a nosotros, los mexicanos gobernados: “Lo que sucede es que la luz del poder es tan poderosa que revela lo que realmente éramos desde siempre y ocultábamos en la sombra de la impotencia.” (10)
Mientras la renovación no se lleve a cabo desde la educación en los nuevos mexicanos, los que recién llegan al mundo y carecen de vicios; cualquier intento de revolución (armada o no), será inútil para conseguir notables mejoras en la vida de los mexicanos.

(1) La Silla del Águila. Carlos Fuentes; Alfaguara 2006. p.184
(2) Ibidem.p.61
(3) Ibidem. p. 88
(4) Ibidem. p. 93
(5) Ibidem. p. 61
(6) Ibidem.. p.61
(7) Ibidem. p.88
(8) Ibidem. p.277
(9) Ibidem. p.183
(1o) Ibidem. p.318

viernes, 17 de julio de 2009

México para los mexicanos.

Desde antes de salir de vacaciones, me rondaba la cabeza la idea de realizar un viaje al interior del país. Finalmente mi elección fue la ciudad de Mérida en Yucatán, para de ahí, partir hacia otros lugares de interés en la Península.
Mis planes de viaje se desarrollaban en un contexto global de crisis económica, y la aparición de un nuevo virus de influenza (cuyo manejo o probada existencia no trataré en este momento) que trajo consigo un terror psicológico en ciertos sectores de la población.
Posteriormente, la etapa más álgida de la epidemia había pasado (o al menos, eso era lo que decían los medios).

El veinticinco de mayo, desperté quizás a las nueve o diez de la mañana, no recuerdo bien; y cuando me disponía a sintonizar un programa de TV, noté que en lugar de eso, estaba a cuadro el señor Felipe Calderón Hinojosa dando un discurso con aires de optimismo; detrás suyo, un montón de figuras públicas atentas y confiadas en las palabras de Calderón. (Parecía algo así como un comercial donde todo es bonito, todos felices, todos echándole ganas... si fuera anuncio de Oceánica sólo faltaba que dijeran: "¡ánimo!" al tiempo que alzaban todos, sus manos entrelazadas; era algo patético.)
La verdad no presté más atención y cambié el canal. En la noche me enteré que todo ese asunto, había sido parte de la la nueva e "¿ingeniosa?" campaña por parte del gobierno federal: Vive México. Cuyo objetivo era impulsar un sector que había quedado muy golpeado por la epidemia de influenza: el turístico. (1)
Finalmente, con Vive México o sin ella, yo tenía ya establecidos mis planes de viajar.

En los preparativos para el viaje, hubo algo que llamó fuertemente mi atención: el hecho que de la Ciudad de México a Mérida, para trasladarse vía terrestre, sólo sea posible hacerlo mediante la línea ADO. Sorprende que, bajo un gobierno que aplica medidas económicas neoliberales, con el fin engañoso de beneficiar a la población, tengamos un caso como este donde sólo se pueda adquirir el servicio con una sola compañía. ¿Dónde está la competencia que promueve el liberalismo para lograr mejores servicios a menores y justos costos? En fin, eso es algo que aun no entiendo.

En el transcurso de las dos semanas que duró mi visita por la Península de Yucatán, tuve la oportunidad de visitar varios lugares de los cuales espero poder tratar más a fondo, con posterioridad y sobre todo, bajo un contexto distinto, en este mismo espacio.
Por ahora centraré mi atención a un sitio en específico, de gran belleza: Tulum.

Mi estancia todo el tiempo fue en Mérida, por lo que ese día, me levante muy temprano para poder abordar el camión de cinco de la mañana que me llevaría a Tulum, y cuyo boleto conseguí por ciento cuarenta y ocho pesos en la línea ADO (aclaro, no era camión de lujo). Mi objetivo era visitar el sitio arqueológico de Tulum y posteriormente el de Cobá (ubicado a unos sesenta kilómetros aproximadamente). El trayecto tuvo una duración de poco más de cinco horas, en las que en algunas de ellas, me dediqué a mirar el verde y salvaje paisaje que jugaba con las luces del amanecer y tiempo después con el azul del cielo. Pero la belleza natural contrastaba a veces con poblaciones en situación de pobreza, habitando viviendas de materiales muy rústicos y con condiciones insalubres.

Al llegar a Tulum, lo que llamó más mi atención fue que la mayoría del turismo era extranjero. Me dirigí hacia un módulo de información turística, donde dos mujeres de sonrisa amable me recibieron con un “¡hi!”, a lo que conteste con un “buenas… quiero saber cómo me voy pa´las ruinas”; de igual modo me dijeron como ir, pero la costumbre de saludar al turista en inglés, respondía a que evidentemente la mayoría de las personas que visitaba el lugar, no eran mexicanas.
Me indicaron que debía abordar unas camionetas colectivas que me dejarían cerca del sitio arqueológico, me subí y pagué doce pesos (aproximadamente un dólar, por si alguien que no sea mexicano está siguiendo esta lectura); no pasaron quizás ni cinco minutos para llegar a la entrada del sitio arqueológico, me enteré que había pagado doce pesos por un traslado de a lo mucho tres kilómetros, me bajé algo molesto pero no quise desanimarme.
De camino a la entrada del parque escuché un concierto de diversas lenguas, y vi desfilar ante mí todas las razas que jamás había visto en mi vida, incluso, los habitantes de la región, fáciles de distinguir por sus rasgos físicos (sí, ésos que muchas veces se les discrimina con comentarios del tipo “mira, ese indio ni ha de hablar bien el español”), parecían dominar no sólo el inglés, sino francés, alemán, italiano y hasta turco. Y muchos de ellos incluso hablaban lengua maya entre sí.
Aparentemente en ese pedacito de tierra, el castellano parecía no ser el amplio dominador; y en un diálogo interno y con cierto sarcasmo me preguntaba: “chale… ¿todavía estaré en México?”, al tiempo que en mi rostro se dibujaba una sonrisa que evidentemente sólo yo entendía su razón.
Seguí caminando y poco a poco aparecían los guías de turistas, que cobraban desde los cuatrocientos hasta los novecientos o hasta más, todo iba en función del número de personas y el idioma que hablaran los interesados en adquirir el servicio. En este punto, los precios elevados comenzaban a llamar mi atención.

Terminé de visitar el parque (del cual, como dije anteriormente, junto con todo lo demás bello que conocí, espero poder dedicar acá mismo su propio espacio, incluso con fotografías y algún video), era aproximadamente la una de la tarde y el último camión a Cobá se había ido, así mi visita a ese sitio quedaba cancelada. Mi entusiasmo poco a poco se convertía en desanimo. Mi última esperanza de ir a Cobá, se centraba en tomar un taxi que me llevara al sitio.
Tomé un descanso a las afueras del parque arqueológico, comí dos sándwiches que traía en mi mochila y bebí una de las dos botellas de agua que cargaba conmigo, el calor intenso lo ameritaba; mientras tanto, pude observar que unos trenes que daban el servicio de transporte de la carretera, a la mera entrada del sitio arqueológico tenían letreros acompañados de fotografías hermosas, de un sitio llamado Xel-Ha, obviamente la propaganda estaba en inglés.

Terminé mi voluntario receso, caminé unos metros y hallé otro módulo de información turística, al lado, un sitio de taxis con sus respectivos conductores a la espera de un turista deseoso de subir. Llegué al módulo, saludé, se dieron cuenta que yo era mexicano, amablemente pregunté: “oye disculpa, ya se fue el camión para Cobá, ¿no sale algún colectivo que me deje por ahí?”, su respuesta fue negativa, argumentó que sólo podía ir en taxi, “¿y cómo en cuanto me sale?”-agregué… me quedé frió: un taxista que se ofrecía a llevarme, pedía trescientos cincuenta pesos. La desilusión se hizo presente en mi rostro, no lo pude ocultar, di las gracias y sólo por curiosidad dije nuevamente al sujeto que atendía el módulo: “oye y qué onda… ¿qué es eso de Xel-Ha?”, respondió con una sonrisa irónica, a sabiendas que, si yo no podía pagar el taxi, mucho menos iba a poder pagar la entrada a Xel-Ha. Sin embargo me explico que Xel-Ha era un parque natural, donde había varias actividades a realizar, y que en ese módulo él vendía el boleto de entrada con un precio especial de novecientos ochenta pesos, su sonrisa burlona seguía en su cara quemada por el sol. Pregunté sobre otras actividades a realizar cerca de ahí, y me dijo que podía ir a los cenotes cercanos, pero que de igual manera había que pagar el transporte y la entrada éstos, y también era costosa. Nuevamente di las gracias y me fui, pero antes de eso pude notar que ahí seguía la sonrisa irónica, ahora combinada con miradas de complicidad con otros taxistas que estaban cercanos que también parecían burlarse de mi falta de dinero. Obviamente que con los extranjeros no eran así.
Me sentí triste, molesto y, justificadamente o no, discriminado en mi propio país.
Seguí caminando y mi molestia creció al tener que pagar en una tienda de por ahí, quince pesos por una miserable lata de refresco frío.

Era momento de reflexionar. No pasaban las dos de la tarde y no pensaba regresar a Mérida, pero con unos cien pesos disponibles (lo del boleto del regreso lo tenía apartado ya) no podía acceder a los atractivos turísticos propios de Tulum. Así mi decisión fue ir a la playa pública (¡vaya! algo gratuito al fin) ubicada a unos cuatro kilómetros del pueblo de Tulum, pero para llegar a éste, debía antes recorrer tres kilómetros; mi molestia influyó para que me decidiera a hacerlo caminando, no pensaba pagar otros doce pesos por un tramo tan corto.

Así pues, caminé tres kilómetros en medio de la carretera y bajo un sol que me agobiaba en demasía; pero mi orgullo y mi enojo parecían ser más grandes que el cansancio. Finalmente llegué al pueblo y en un Seven Eleven me abastecí de agua fría, aproveché para preguntar al empleado sobre cuánto tiempo era de ahí a la playa pública, dijo que una media hora a pie, pero lo hizo de pésima gana. Mi molestia aumentaba.
Tomé la carretera y comencé a caminar y a caminar, era como un camino largo que parecía jamás acabar, pasó la media hora y no se veía nada en proximidad ni delante mío ni detrás. Continué. El sol me desgastaba, me consumía; y las piernas y la mochila comenzaban a pesarme el doble; sólo me mantenía mi coraje y la idea de llegar a refrescarme a una hermosa playa. Los taxistas al verme disminuían su velocidad como esperando a que yo me subiera a alguno, no lo hice.
Tuvieron que pasar una hora y diez minutos desde mi salida del Seven Eleven para que llegara yo a la anhelada playa pública. Arena blanca y fina que se revolvía con las olas de un mar azul turquesa, en medio del ruido apaciguante propio del lugar con una poquísima afluencia de turistas, simplemente hermoso.
De inmediato me despoje de la ropa que para ese entonces me hacia prisionero, y me metí al tranquilo mar; no sé con precisión cuánto tiempo estuve ahí, pudo haber sido una o dos horas en ese estado de letargo reanimante. Recuperada, o más bien relajada mi mente, comencé a hacerme a la idea que debía caminar otra hora de regreso al pueblo. Traté de adaptarme rápido a esa situación, quería hacer el recorrido antes de que oscureciera.

A la salida de la playa, un taxi se detuvo ante mí sin que yo se lo solicitara, antes que el conductor dijera algo, moví la cabeza de un lado a otro indicando que no quería nada. Sin embargo amablemente el conductor se asomó y me preguntó mi destino, al saberlo dijo que cobraría cuarenta y cinco pesos. Me negué a abordar. Me preguntó que cuánto estaba dispuesto yo a pagar, y le respondí que unos treinta pesos. Accedió. Abordé el taxi.

El tipo regordete y de rasgos orientales, era eso amable que yo ya no esperaba encontrar en mi visita a Tulum. Comenzó a hacerme la plática y en una oportunidad dije: “… pues sí, fíjate que yo quería después de acá ir a Cobá, pero se me fue el camión y por ir en taxi ya me andaban cobrando trescientos cincuenta varos…”, con sonrisa alegre y sincera, a la vez un tanto sorprendido, contestó: “hijole, la verdad es que hay quien quiere abusar y está cobrando hasta más, o incluso hubieras encontrado quien le hubiera bajado al precio, como le hice yo ahorita… con eso de la influenza, a mitad de la temporada alta se nos fue todo el turismo, más o menos por estas fechas debería de empezar a llegar pero mira, tú ya lo viste –dijo alzando la voz- casi no hay gente… y nosotros tenemos que sacar, hay que acceder a bajar los precios… acá no hay nada, no hay industria de nada, todos vivimos del turismo y nos está yendo bien mal…”. De igual modo le argumenté que eso era comprensible, pero que también los precios para viajar en este momento son muy elevados en varios aspectos.
Todo esto sin contar que Yucatán es el segundo estado con mayor número de casos reportados de influenza, aclarando que el taxista afirma que la capital de la Península Yucateca (Campeche, Yucatán y Quintana Roo) es Mérida: “...ahí está todo, las industrias, la mayor cantidad de gente, el poder económico...".

Continuamos platicando sobre otros asuntos, hasta llegar a mi destino. No eran quizás ni las cuatro de la tarde y mi camión salía hasta las siete y media de la noche. Tulum no es colonial, más bien está hecho para la aventura y con poco dinero no se puede disfrutar al máximo de este lugar. Así que malgasté mi tiempo en un cyber, me perdí por algunas calles del pueblo y después me senté un rato en la plaza a tomar el aire fresco y mirar la gente pasar. Finalmente tomé el camión, no sin antes sorprenderme porque el precio era de casi doscientos pesos, más de lo que yo había pagado por trasladarme exactamente de Mérida a Tulum, pregunté la razón y me respondieron que había servicio de segunda pero que hacía de camino casi ocho horas. No discutí más, pagué el dinero. Algo así era de esperarse en una línea como ADO.

Ya en el camión, se empezó a cocinar en mi cabeza la idea de escribir en mi blog esta entrada.
De ese día en Tulum encontré muchas cosas criticables.

Lo primero que me viene a la mente: ¿a qué clase de persona sin razonamiento se le ocurre hacer una campaña cursi de promoción turística en el país, en medio de una crisis económica? Porque las ganas de conocer este hermoso país, ahí están, pero el dinero ¿de dónde se supone que lo va a sacar la gente? Porque más allá de los mareantes indicadores macroeconómicos que dan los medios, que la mayoría de la población no alcanza a comprender, las amas de casa sí saben y entienden a la perfección que el huevo, la carne y la leche, por ejemplo, ya no cuestan lo mismo de un tiempo para acá. Yo lo veo en mi casa, en mi familia, tenemos que racionar al máximo los alimentos. Aunque sea poco, pero nos queda algo para comer, pero también hay gente que con el aumento de precios, ese poco para comer ya es muy difícil de alcanzar.
¿Y así nos vienen a decir, que todo está bien, que somos bien luchones, que todo rosa y que a viajar se ha dicho?
Ahora me pongo a pensar: ¿una familia cualquiera de clase media, de unos cuatro integrantes, tiene posibilidades reales de algún día conocer digamos… Xel-Ha? Tomando en cuenta los (poco más, poco menos) mil pesos de entrada por persona, la transportación hasta el sitio ya sea aérea o terrestre, el hospedaje… ¿de verdad se puede? Y Xel- Ha, fue sólo un ejemplo, puede ser Holbox o no sé, algún otro sitio turístico de la Riviera Maya o del mismo Quintana Roo.
El ejemplo lo hice con una familia de clase media, ahora tomamos una familia de clase baja, alguna que viva en una de las casas como las que describí con anterioridad… ¿algún día podrán conocer todos esos lugares tan fantásticos que hay en la región, que tienen tan cerca, que podría decirse les pertenecen, en calidad de turistas, sin tener que servir al que viene de fuera? Porque acá en México el extranjero encuentra algo más que hospitalidad y buen servicio, encuentra servilismo, encuentra a hijos del tercer mundo, víctimas y esclavos del neoliberalismo a su disposición.

Mi crítica no es para los turistas extranjeros, que en su mayoría vienen amablemente a conocer y tienen un gran interés por nuestra cultura. Mi crítica es hacia el hecho que hace parecer que hay zonas hermosas del país que parecen reservadas para los ricos o para los extranjeros, que la mayoría de los mexicanos sólo conocerán por imágenes mentales generadas por una plática o por fotografías. Es triste que México tenga destinos fabulosos, de talla internacional, y que no estén al alcance de la mayoría de los mexicanos.

Por otra parte la gran derrama económica que genera el turismo en el sureste del país, no se ve reflejada en las condiciones de vida de muchos de los habitantes de dicha región. No porque la gente viva respetando a la naturaleza del lugar, significa que no puedan tener condiciones dignas de vida y desarrollo.
Como dijo el taxista, en esos poblados no existe otro tipo de industria importante y la gente que los habita, parece estar condenada a tener que pasar a formar parte de la mano de obra turística para poder ganarse la vida, sin otras opciones de desarrollo.
De ese lado del país, así ocurre. En el otro extremo, en Ciudad Juárez, ahí los jóvenes no están condenados a formar parte de la mano de obra de turística, sino de la maquila e incluso del narcotráfico. En una entrevista realizada por Proceso al alcalde de Juárez, Reyes Ferriz, sobre su análisis y soluciones de la ruptura del tejido social en ese municipio, se puede leer en una parte: “…Otro proyecto, del que no quiere dar todos los detalles hasta tenerlo amarrado, es acordar con fábricas maquiladoras que contraten a adolescentes de 13 a 16 años en actividades acordes a su edad, con el fin de que no engrosen las filas del crimen organizado...”. (2)

¿En qué momento se dejó de confiar en la educación para sacar adelante al país? ¿Por qué no en lugar de condenar a las generaciones a una actividad económica en específico, mejor satisfacer su demanda educativa y darles libertad de elección? ¿Por qué se dejó de seguir el modelo educativo vasconcelista que daba un importante lugar al humanismo formativo, para cambiarlo por una formación mayoritariamente técnica?

Retomando el tema del Sureste, donde los privilegios son para los extranjeros (no sólo turistas sino también empresarios que son dueños de los grandes proyectos hoteleros de la región), sumado con planes como la Iniciativa Mérida o el Proyecto Mesoamérica, antes Plan Puebla-Panamá (que por ahora parece imposible de llevar a su esplendor por la inestabilidad política que azota a la región), llevarán a México a un escenario donde mano de obra, riqueza turística y el potencial de la biodiversidad caerán descaradamente en manos del vecino del norte; y la soberanía sólo será una fantasía que existirá exclusivamente en la mente de los más idealistas. O quizá… ¿ese momento ya llegó?


(1) http://www.eluniversal.com.mx/notas/600153.html
(2) El modelo colombiano, Turati, M. Proceso no. 1705. p. 11.

jueves, 9 de julio de 2009

Circo Beat: el sonido de la melancolía.


En los primeros años de la década de los noventas, Fito Páez tocó la cima del éxito con El Amor Después del Amor. Un disco que giraba en torno al amor, con letras realmente hermosas y cuya inspiración fue la actriz, y entonces pareja de Páez, Cecilia Roth. Un álbum que se alejaba alejado y el rock de los anteriores álbumes de Fito, con letras mas un poco más rosas y marcados tintes de pop.


Más allá del éxito o la aceptación del disco, era más evidente que nunca que Páez exploraba nuevos sonidos, y su evolución musical estaba en pleno progreso. De este modo, dos años después de editar su disco más vendido, sale al mercado el que, a mi parecer, es el mejor disco del cantautor rosarino: Circo Beat.

Circo Beat es para escucharse en conjunto y en orden... suena a Rosario, a The Beatles, a nostalgia. Circo Beat es esperanza, recuerdos, locura; historias que Páez relata de manera perfecta con letra y música, de un modo tal que difícilmente se concibe una sin la otra.

La función comineza con un tema que lleva el mismo nombre que el álbum, una canción extraña, absurda, alegre, y un tanto bizarra. Después viene el que seguramente es el tema más conocido: Mariposa Tecknicolor, cuyo pegajosa melodía, injustamente en ocasiones, llega a opacar la extraordinaria letra. Es en esta parte, que el autor recrudece la atmósfera nostálgica que envuelve el disco, y vienen las historias del Normal 1, el exorcismo en Villaguay, la merienda mirando al Negro Olmedo, ese extraño jardín que cuando entras no sales, la declaración de hartazgo de la fama por parte de Páez; y la sensación del rosarino de dejarlas partir. En fin, historias, relatos... que en su punto quizás más melancólico se ven interrumpidos por el tema final de la función de Circo Beat: Lo que el viento nunca se llevó; una pieza magnífica para concluir, que contrasta y complementa el álbum, con un ritmo alegre y un mensaje esperanzador, digno de reflexionarse.


De este modo, sutil e inadvertidamente, recorremos un trajín nostálgico que culmina en la satisfacción y júbilo por disfrutar del momento en que se vive.


Pero para lograr un álbum así, tan expresivo; se necesita detrás un talento que logre generar atmósferas capaces de crear imágenes y repercutir en el sentimiento de quien lo escucha, todo a partir de ondas sonoras. Fito Páez lo logra de modo excelente, con unos arreglos que bien podrían ser los mejores de todo su repertorio; con instrumentos distintos e inesperados que de pronto incursionan por ahí para dar emotividad (como la armónica en She´s mine o las trompetas al final de Normal 1, por ejemplo) muy al estilo del cuarteto de Liverpool, los ritmos pausados, los sonidos suaves que entrelazan a las canciones.

Circo Beat me remite a un día lluvioso en el que después sale el sol, a lugares que no conozco, a recuerdos compartidos, a una cierta locura. En pocas palabras, no existe ocasión en la que escuche el disco y este no remueva en mí algún tipo de sentimiento.


Tal vez existan mejores temas de Fito Páez que no pertenezcan a este álbum, pero Circo Beat es mi favorito por su conjunto, porque pareciera que está hecho todo de una sola pieza.Y para ese pedacito de arte de Fito Páez que significa tanto para mí, era necesario para mí escribirle unas cuantas líneas.

martes, 2 de junio de 2009

La cereza en el pastel

El domingo, los aficionados de Pumas nos queríamos volver locos; Universidad Nacional ganaba su sexto título y nos regalaba una alegría inmensa a todos sus seguidores.

Muchos de los que vivimos acá en el DF, pensamos en ir a celebrarlo al Ángel.
Por televisión dijeron que los Pumas harían recorrido en el estadio y en el Ángel, así que en cuanto terminó el partido, yo estaba más que puesto para el festejo y para ver a los nuevo héroes. Salí de mi habitación para apresurar a mi primo y mi sorpresa fue verlo listo ya, igual de emocionado que yo. Sólo se limitó a decir "¿qué pedo wey? ¿ya estás?".



Salimos rápido, llenamos el coche de playeras, banderas, muñecos y letreros con consignas como "cómo no te voy a querer?!" y "pumas campeón". Luego trazamos la ruta: primero daríamos una vuelta por CU y ya de ahí partiríamos al Ángel para esperar a los campeones.






Desde antes de llegar al estadio, sobre insurgentes, empezaban los claxonazos; sobre la negra noche, la ilumiada torre de rectoría se veía mas hermosa que otros días, y ya en las inmediaciones del estadio, el ambiente era imejorable: las banderas agitadas, las familias, los goyas... chicos y grandes con cara de alegría y emoción.
No nos bajamos del auto, sólo pasamos para ver qué tal estaba el ambiente. De ahí continuamos la ruta para el Ángel.
En cuanto más nos acercábamos, crecía el número de aficionados que se dirigían al mismo punto. Era una fiesta de un convoy rodante, todos cantando. Cuando el semáforo se ponía en rojo había quien se bajaba de su auto y comenzaba a saltar, no podía haber mayor alegría.
Ya a unas cuadras del Ángel, lo primero que hice fue preguntarle a un policía sobre si ya había llegado el Turibús que transportaba a los campeones, a lo que me respondió que no, que tardarían como 2 horas. (a penas eran las 12 de la noche)
Avanzamos más y por fin dimos con el festejo, ahí estaba la fiel afición, la de siempre, los que quizás no asistan cada 15 días al estadio, pero que toda la vida siguen a sus Pumas, ahí estaban todos, aguantando el frío y la desvelada con tal de festejar lo obtenido.
Mi primo y yo nos unimos al festejo, desgarramos la voz con el goya, cantamos el himno, saltamos y, sobre todo, esperamos pacientemente la llegada del Turibús.
Eran casi las 2 de la madrugada y algunos comenzaban a desesperarse, otros, de plano ya se iban. Sin embargo muchos nos quedamos ahí, a seguir esperando. En el cielo comenzaron a sobrevolar más los helicópteros, y algunos (yo me incluyo) lo tomamos como señal de que lo hacían porque ya venía el equipo. Pero nada pasó.
Después, miembros de las barras de los Pumas comenzaron a abrir camino (a base de empujones) para que pudiera pasar el camión, entonces la esperanza crecía, sin embargo no pasaba mucho.
Poco tiempo después comenzaron a decir que ya venían, y su evidencia eran unas lejanas luces de patrullas que se alcanzaban a ver, decían que venían escoltando al equipo campeón. Sin embargo, yo nunca vi que esas luces avanzaran.
Ya como a las 3 de la mañana, comenzaban los primeros rumores, que Pumas se quedó festejando en el Radisson (el hotel que está sobre periférico en frente a Perisur)... Mucha gente seguía yéndose.
"Tuca no tengo toda la noche para esperarte, mañana tengo que chambear" gritaba un aficionado al calor de las risas y los cánticos.
Después los rostros eran sí, de alegría, pero también un poco de desesperanza y desilución. Había personas que le preguntaban a los policías sobre si sí vendrían los Pumas, a lo que los uniformados respondían que ya no.
Yo me mantuvé ahí, esperanzado.
Ya pasadas las 4 de la mañana, la mayoría de la afición se había marchado con esa mezcla de alegría por ver al equipo campeón y tristeza porque no llegó el festejado.

Sólo quedábamos algunos cuantos, en su mayoría la banda etílica que aprovechaba para seguir tomando y divertirse, por ahí había alguno que otro borracho haciendo desfiguros, o los que de plano ya ni podían hablar o caminar.
Poco después de las 4, mi primo y yo decidimos marcharnos. Y sí, yo también estaba feliz pero a la vez un poco desilucionado por no ver al campeón. Los dos nos preguntábamos uno al otro con cierto aire de decepción: "chale... ¿por qué no habrán venido?".
Reconozco que hasta antes de dormir, estaba un poco molesto.
En la mañana me levanté como a eso de las 10, y lo primero que hice fue checar en la compu por qué chingados no habían llegado los Pumas la noche anterior.
Todas las notas decían que simplemente no pudieron llegar por la cantidad de personas que había, y que se quedaron a celebrar en el Radisson. Yo sólo me dije dentro de mí "puuta! si dijeron en la tele que irían al Ángel, y toda la banda con frío y desvelada esperándolos".
Ya en la noche me enteré que los nuevos campeones dieron en la mañana una vuelta por las inmediaciones del circuito de la Universidad. Aunque no estuve ahí, la noticia me llenó de alegría, me puso feliz el saber que el equipo compartía su título con la afición, con la comunidad que reperesenta (los universitarios), y ahí en sus instalaciones, paseándose por afuera de las facultades, entre chavos con libros y playeras de los Pumas.
De inmediato se borró en mí el sinsabor que me había dejado la noche anterior de no verlos llegar. Definitivamente la temporada de Pumas estuvo llena de partidos cardiácos, que se sacaron sobre el final (sobre todo en la liguilla); y pienso que quizás muchas veces no hubiera sido así, si no es por la fiel afición que tiene el equipo, que lo sigue a todas partes y no deja de alentar jamás sea cual sea el resultado.
Esa es la razón por la cual el equipo tenía que celebrar ese título con su afición, y quizás tarde pero llegó el momento. Era la cereza que faltaba en el pastel.











martes, 26 de mayo de 2009

¿ciudadanos sustitutos?

Día extraño en la Ciudad de México, había sol y sin embargo llovía... tiempos electorales, tiempos bizarros. Eran aproximadamente las 2:30 p.m. cuando llamaron a la puerta de mi casa, era una chava del PRD, pasó a hacer algunas preguntas sobre el partido para realizar una estadística y luego nos invitó amablemente, a mi mamá y a mí, a acudir a las 4 de la tarde con el candidato que pretendía ser diputado local por nuestro distrito.

Naturalmente me causó mucha curiosidad el asunto, cada que tengo la oportunidad de tener contacto con algún político, me surge la esperanza (absurda y sin fundamentos, quizás) de encontrar a ese tipo "distinto" que se pueda ganar mi confianza.

A pesar de la lluvia, me puse mi chamarra y acudí a la cita. Vaya sorpresa que me llevé, al darme cuenta que no había gente reunida. Sólo la chava que había pasado a tocar a mi casa y otro señor, también con camiseta del PRD.
Les pregunté si era ahí donde llegaría el candidato, dijeron que sí, y que no tardaba en llegar. No sin antes preguntar mi edad, para saber si ya podía votar o no (lo siento, tuve que mentir al respecto, aun no tengo la mayoría de edad). A los pocos minutos acudió también a la cita una pareja de señores de unos 75 u 80 años, calculo yo.
Pasaban ya más de 15 minutos, la lluvia apretaba y el candidato no aparecía, el señor de edad comenzaba a reclamarle a las dos personas del PRD.
La chava del PRD dejó su cigarrillo, tomó su celular e hizo una llamada. Estaba sentada junto a mí así que pude escucharlo todo. Contactó al que, creo yo, era el candidato, y le reclamó su retraso; le advirtió que habíamos personas esperándolo y que nos estábamos mojando. Por la reacción de ella, el candidato parecía incrédulo y no esperaba la situación, puesto que ella le repitio dos o tres veces: "en serio, de verdad que ya tienes gente esperándote... apúrate, es un chavo y una pareja de señores de la tercera edad".

La chava colgó el teléfono, tomó su cigarrillo y nos aseguró que el candidato "ya venía", que estaba en otro lado haciendo campaña y que por la lluvia se había retrasado. Fue entonces que llegó una señora cincuentona, tal vez; con su hija y su nieta (una niña de unos 9 años). También se dispusieron a esperar.

La espera transcurrió otro largo rato entre la lluvia, un montón de mosquitos queriéndonos atacar, y comentarios breves de alguno de los presentes que pretendían hacer un poco de lado lo incómodo del asunto.

Finalmente llegó el candidato, más de media hora tarde, acompañado de dos muchacas que parecía que su labor era sonreir cada que el candidato dijera algo (sin importar que ya lo hubieran escuchado antes). Todos venían sonrientes, saludando de beso y de mano (como si todos nos conocieramos) y ofreciendo disculpas por la tardanza. El "candidato" era un tipo que pretendía (en momentos no se lo creí) hacerse pasar por el clásico sujeto "amigo de todos".
La sorpresa para los que esperábamos, fue que el sujeto que se presentó con nosotros, no se parecía en nada al hombre sonriente de la foto del folleto que nos habían entregado con anterioridad.
Lo que sucedía era que ante nosotros no estaba el "candidato titular", sino el suplente. Aun así aseguró que "pal´caso era casi lo mismo". Los presentes habíamos esperado ya mucho, así que hicimos un esfuerzo por hacer ese pequeño detalle de lado y escuchar lo que decía el señor "candidato suplente a diputado".

La platica comenzó, el candidato se presentó ante nosotros, y ocupó bastante parte de su tiempo para ponerse a "nuestras órdenes". Dijo que sin problemas el podía ayudarnos a trámitar actas de nacimiento, CURP, asesorías legales gratuitas y testamentos a un excelente precio; claro está, todo gracias al esfuerzo que había hecho él y otras personas del PRD con gente de la delegación para acelerar ese tipo de trámites.

También pasó otro rato habándonos sobre los logros del PRD en la Ciudad de México. La señora que se acompañaba de su hija y su nieta, aprovechó para reclamar sobre repentinos "apagones" en la colonia y para hacer enfásis en que las banquetas estaban chuecas. El candidato prometió ayudar con eso.

El tiempo transcurría y yo seguía ansioso esperando las propuestas, y no llegaban. Así que directamente lo cuestioné, sobre cuáles serían concretamente sus propuestas y posturas en la asamblea del DF. Me explicó que buscarían reformar un artículo para que sean sancionados con 15 días de arresto a los padres que no pasan pensión alimenticia a sus hijos.
Al tiempo que hablaba sobre ese asunto, los demás oyentes parecieron estar ante un discurso chocante, dejaron notoriamente de ponerle atención, como si mi pregunta fuera totalmente irrelevate o fuera del contexto.
Después realicé otras preguntas sobre las becas otorgadas a estudiantes, y justo cuando el tema comenzaba a ser político y los oyentes restantes le ponían menos atención; el candidato decidió dar por terminada la platica, argumentando que le esperaban en otro sitio, también para platicar con otros vecinos.

Se despidió apresuradamente, sin antes poner nuevamente a nuestras órdenes sus servicios antes mencionados, nos dio la mano a todos e intercambiamos números telefónicos.

Ya de camino a mi casa, caminando bajo la lluvia, reflexioné sobre lo acontecido unos minutos antes.
Me pareció una burla, una especie de sketch mal hecho, o mejor dicho, la escena de un comercial chafa de campaña; con el candidato buena onda y cercano a la gente, que platica con un par de ancianos, una abuela joven preocupada por su familia, en especial por su hija que es mamá soltera, una niña de unos 9 años que repite lo que dicen en su casa (como la del comercial donde sale Jesús Ortega) y un chavo universitario idealista, ofreciendo su fé a algo y con algunas ideas distintas.
Al final el candidato dice algo que satisface a todos y !tan tan!... todos con unas sonrisotas porque el candidato es bien chido.

Vaya estúpidez!!
¿Hasta cuando vamos a seguir permitiendo estas burlas? Me parece tonto que para que votemos por él nos ofrezca cualquier cantidad de cosas que no tienen que ver ¿o qué? ¿para eso sirven los diputados? ¿para que nos agilicen trámites del CURP, actas de nacimiento, testamentos, etc?

Y es que, en esta farsa, los políticos grandes nos ofrecen sus palabritas cursis (equidad, estado de derecho, crecimiento económico, democracia, etc) y los pequeños, los de la política corriente, nos siguen ofreciéndos sus propuestas idiotas que de nada sirven al progreso del país.

Yo tengo planeado darle seguimiento al accionar de este señor, si es que gana la diputación, para ver que tanto está haciendo en la asamblea de la ciudad por las personas que votaron por él.
Espero un día escribir otra entrada sobre él donde se pueda hablar sobre un buen desempeño suyo (yo y mi maldita e infundada esperanza), y aunque no sea así, espero tener acceso a información sobre él... ya lo estaremos criticando en este espacio.
Cabe señalar que ningún candidato más se ha presentado ante la gente de mi colonia para dar sus propuestas, en cuanto se acerque alguno otro, de igual modo acudiré y escribiré sobre él.

Por eso invito desde acá, desde Una Pared en Tecknicolor, a que no nos hagámos los sordos con los candidatos. Hay que escucharlos y cuestionarlos a fondo, evaluar a la persona y sus propuestas personales, junto con lo que pueda hacer dentro del partido. Evaluar que tanto puede ayudar a mejorar situaciones en nuestra comunidad, y sobre todo, votar por el candidato y no por el partido; aun más cuando se trata de cargos locales.
Insisto, escuchémos, cuestionemos. Al final, si nadie nos convence, no votemos por nadie. Acudamos a las casillas y externemos inconformdidad, mandemos mensajes. Si nuestro sistema es democrático, apostemos y creamos en la democracia.
Abandonémos nuestra postura de sociedad abúlica. No seamos ciudadanos sustitutos.

viernes, 17 de abril de 2009

La primera entrada

Hola

¿cómo les va?

Bueno, la verdad es que soy nuevo en este asunto; pero prometo que poco a poco irá mejorando el espacio...

No sé en específico de que tanto voy a hablar, pero definitivamente serán cosas que pasan en la vida, el mundo no anda del todo bien en demasiados aspectos y bueeno, trataré de ir abordando esos aspectos poco a poco, hacer un poco de con consciencia, buscar varios enfoques , y sobre todo que tenga alguna utilidad para quien lo lee (que quite el aburrimiento, que sirvan los contendidos, que genere algún criterio... yo que sé?)

Buee... a ver como me va en esto.

chau! =)