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martes, 29 de diciembre de 2009

Desde el vacío.

Hace mucho pensé más sencilla la labor de ser escritor. De hecho, cualquiera puede serlo; actualmente podría ser sencillo para una persona seleccionada aleatoriamente (por ahora es irrelevante tomar cifras sobre cuántos habitantes del mundo tienen o no acceso a un ordenador con conexíón a internet) el tomar la computadora más cercana y abrir un espacio en donde más le plazca para que plasme libremente su sentir y lo ponga al alcance de millones de personas repartidas en rincones diversos del mundo.
Sobre todo cuando se anda borracho de emociones, cualquier medio de expresión que de flujo exterior a los sentimientos es efectivo. Yo lo hago, escribo.

Sin embargo, muchos de los grandes escritores tienen una fabulosa capacidad de abstracción. Lamentablemente yo lo descubrí el día que la hallé ausente en mi persona.
No sé cuántas entradas publicadas tenga mi blog, pero sé bien que hay un montón guardadas en la memoria y que están sin publicar; ideas intensas e inconclusas que están ahí mermadas por un giro emocional de su creador:
¿cómo escribir cuentos de amor cuando no hay amor? ¿de dónde sacar el odio para terminar de asesinar cruelmente a un personaje surgido en una noche de transtorno? ¿cómo crear en el vacío y cerrar esos ciclos abiertos que quedaron así porque me venció el sueño o me ahorcó el tiempo?


He comentado el hecho con algunas personas, y una de ellas me dijo que estaba bien explorar cosas que no son lo mío. Yo no me lo había planteado así, y tal vez sería no digno de mencionar el que en este momento sean las cinco y media de la mañana, salvo que llevo tres días seguidos sentado horas y horas tras el ordenador sin lograr culminar algo que sentí alguna vez y desapareció como desaparecen las lluvias cuando se va el verano.

Supongo que ahí radica la grandeza de los genios, en su capacidad de crear mundos y personas en parte paralelos y a la vez totalmente alternos.
Carecer de esa genialidad no me convierte en absurdo para el mundo de los textos. Solamente es cuestión de hacer introspección profunda para reanimar lo que quedó archivado alguna vez (el nefasto solamente hace parecer las cosas demasiado fáciles).
Porque no todos los grandes son genios, ni todos los genios son grandes... algo de esperanza para un martes extenso.


*NOTA: otra vez la obsesión de publicar al vapor se ha apoderado de mí, por lo que tanto Volver en seco como Desde el vacío han visto la luz sin previa revisión ni corrección del tipo que sea (vaya cinismo el mío). Para tales efectos tengo considerados días específicos para corregir los errorcitos del blog, desafortunadamente revisando mi inexistente agenda descubrí que no tengo calendarizado ninguno de esos días al menos de aquí a ciento cuatro años (me entró la fiaca para revisar a partir del año ciento cinco); por lo que de antemano ofrezco una disculpa al espontáneo lector que pudiera sentirse extrañado y/u ofendido con mis no aciertos al escribir.

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