Es bien sabido, a menos que vivas en una cueva, que la Universidad Nacional Autónoma de México cumplió cien años este veintidós de setiembre. Para ser sincero, no me gusta tocar temas de moda, pero amo a la universidad, estudio en ella, tengo un blog... tú sabes; tenía que pasar. No voy a contar el proceso de cómo la Universidad. Lo he leído más de tres veces en este día. Justo Sierra, centenario de la independencia y bla bla.
En una entrada anterior escribí cómo se cumplió mi sueño de ingresar en esta institución. Hoy la cosa cambia. Hablaré de mi personalísima experiencia, y el por qué le tengo tanto cariño a la Universidad. Lo primero, y lo más obvio, es que me han brindado educación gratuita y de calidad. Sin embargo, para mí es algo más allá que el saber sumar bien o hacer reportes de lectura. En la UNAM me enseñé a pensar. Aprendí a abrir la mente a otras realidades. Cuando escucho el
felicidades a la UNAM, no puedo evitar preguntarme a quién debo dar el abrazo, si a los murales de la Biblioteca Central o a los pizarrones. En realidad, la congratulación es para nostros. Para todos los que desde nuestra trinchera, hacemos posible que la UNAM sea. ¡Felicidades para nostros!
No puedo dejar de lado a las extraordinarias personas que ha dejado mi estancia en la UNAM. Llevo en el corazón a aquellos desconocidos que primero se hicieron compañeros, luego amigos y ahora hermanos míos. Tampoco dejo de lado a los profesores que han sido guías de vida. Auténticos maestros de la vida, despertadores de mi pensar.
Quiero aprovechar para reflexionar sobre el futuro de la UNAM. ¿En realidad somos conscientes de lo que implica estar ahí? Confieso que yo a veces, no. En mis primeros dias como parte de la UNAM (en la Escuela Nacional Preparatoria), un profesor nos dijo palabras que no olvido ni olvidaré. Nos hizo abrir los ojos. Nos aterrizó con sabias palabras. Estudiar en la UNAM implica estar en la máxima casa de estudios del país, y hay que asumirlo como tal. Ser conscientes del compromiso social que cargamos en la espalda. Que nuestros estudios son pagados con el dinero de mexicanos que muchas veces ni estudiaron en la UNAM. Que, más allá de patrioterismos, estamos preparándonos para dar la cara por una sociedad.
Yo lo tengo bien claro: contribuir a la sociedad. Pero no estoy seguro si todos los alumnos sean coscientes de ello. Ojalá sí. El futuro, no solo de la UNAM, sino del país, depende de tal circunstancia.
Actualmente los estudiantes nos enfrentamos a retos difíciles. La tendencia hace que el mercado laboral prefiera egresados de instituciones privadas. El grado es tal, que me consta que hay compañeros que dan por hecho que en esas instituciones la educación es mejor; incluso insiúan que, si tuvieran posibilidades, estudiarían en una institución privada. Evidentemente esto no es benéfico para la UNAM. El reto no está en convecernos que somos los mejores, sino en demostrarlo. En cada rama de la vida, sea cual sea, demostrar que lo hecho en CU está bien hecho y es lo mejor. Nada de amedrentarse con el discurso de la educación privada y cara, prepara mejor. En México, mejor que la UNAM, no hay; no existe.
Ahora bien. Hoy que la UNAM es la mejor universidad de Iberoamérica. ¿Qué queremos que sea mañana? En cincuenta años, cuando nosotros seamos los hoy Pacheco, Molina, Monsiváis, Dehesa, Aristegui, etc. ¿Cuántos premios más recibiremos? Me gustaría ver en cincuenta años a una UNAM mejor que la de hoy. Integrando a muchos más estudiantes, y que sus egresados sean los líderes que lleven a la humanidad al progrso. Me encantaría ver planteles de la UNAM desde Tijuana hasta Tapachula. Nunca he entendido por qúe si es la Universidad
Nacional, solo haya planteles en el Distrito Federal y el área metropolitana (haciendo a un lado las carreras especiales que se dan en otros estados).
Con el festejo del centenario, debemos mirar atrás y ver todo lo maravillos que nos ha dejado esta institución, personal y colectivamente. Empero no podemos dormir en laureles. Existen trámites engorrosos en las ventanillas. Hay baños donde no hay jabón. La RIU luego se pone lenta. Conozco profesores malísimos y alumnos que nomás van a echar desmadre. Falta más cupo. Se necesitan más computadoras. En horas pico, el servicio de Pumabús es insuficiente; y en la Biblioteca Central hay veces que los libros no alcanzan. Estos son algunos ejemplos de que la UNAM de ningún modo, puede considerársele en un climax. Pero buenas noticias: con todo y fallas, con todo y carencias ¡seguimos siendo los mejores!... y lo seguiremos siendo. Estoy seguro.
Si encontraste una exacerbada exaltación por la Universidad, en estas líneas, estás en lo correcto. Amo a mi universidad. No preferiría el Tec, el ITAM o el CIDE; aunque me pagaran. Por el amor que le tengo, espero aportar algo a ella y al pueblo mexicano que la paga. Y porque la quiero, espero vivir para el 150 aniversario y ver una UNAM mejor. Una UNAM con líderes en México y en el mundo. Una UNAM como la de ahora, pero con los defectos corregidos.
Por mi raza hablará el espíritu.
México. Pumas. Universidad: ¡Gooya! ¡Gooya! ¡Cachún, cachún, ra, ra! ¡Cachún, cachún, ra, ra! ¡Gooya! ¡Universidad!