Powered By Blogger

domingo, 4 de julio de 2010

¿Cómo eliges un libro?

Primerante, haré una aclaración: como he mencionado en anteriores entradas, me desempeño como estudiante de economía, sin embargo, a pesar que el tema es sobre la elección de libros (los cuales compramos, ergo mercancías), no tengo ni la menor intención de traer a colación la teoría de elección del consumidor. Lamento si algún colega se siente decepcionado, ofrecería disculpas, pero sinceramente, me vale madres.
No sé por qué tengo la necesidad de mencionar todo esto, probablemente si no digo lo anterior no pasa nada, me sigues leyendo y punto; es solo que...

Quiero contar una anédocta, peculiar para mí, sobre una de mis novelas favoritas: Rayuela. Hace dos años me entró la cosquillita por querer leer algo más de lo que me dejaban en la gloriosa Prepa 6; recuerdo estaba de vacaciones, tal como ocurre ahora. Aquella tarde era muy aburrida: la calle silenciosa, mamá en la cocina, mucho calor como para salir, y yo tirado en la cama intentando encontrar figuras en las rugosas texturas del techo, tocando los mismos tres acordes de una canción quizá de Soda Stereo, y escuchando a lo lejos la televisión sin querer prestarle atención alguna, como una caja de ecos absurdos.

Repentinamente hubo algo en el televisor que me hizo enderezar y poner atención: la voz del hombre que habla en esas cápsulas de Televisa, que reconozco me gustan: Imaginantes. Había visto ya varias y repetidas, pero esa vez había una nueva para mí. El tema era sobre una relación amorosa entre un hombre y una mujer, que nunca acordaban verse, dejaban todo al azar para que los cruzara. El autor era, hasta entonces desconocidísimo para mí, Julio Cortázar; después de esa breve reseña sobre la historia, añadieron una anécdota personal del autor con un tema muy parecido al de la novela. Mi pasión por la relación amor-azar es enorme, al instante supe que debía leerla. Pese al entusiasmo, no fui para anotar el nombre del autor o de la novela en un papel, todo quedó mal grabado en mi mente.

Olvidé el asunto y continué mi vida. Por otras circunstancias, me decidí a hacer un viaje que sabía sería largo, horas y horas sentado en autobús, creí prudente llevar algo bueno para leer. Fue entonces que recordé lo de la novela esa del otro día, la que se escuchaba tan interesante, la que se llamaba... ¿cómo se llamaba? ¡puta madre, se me olvida todo! En un ataque de ansia, corrí apresurado a la computadora e ingresé a mi sito resuelve-todo-tipo-de-dudas: Yahoo! Respuestas. Ayuda con el título de un libro. Recuerdo que lo pasaron en una cápsula de Imaginantes en Televisa, la historia era algo así como el encuentro fortuito de dos enamorados en París ¿Alguien sabe cómo se llama?, pregunté. Tristemente nadie respondió. Intenté buscar la cápsula en televisión, descubrí que pasaban esas cápsulas a una determinada hora de la madrugada. Durante días acudí religiosamente en el mismo horario a sentarme frente a la tele, para ver si por casualidad ponían lo que buscaba, fue en vano. Por la mala, tuve que hacerme a la idea de que jamás podría hallar esa novela cuya simple reseña me había causado tanta fascinación. Reconozco me sentí frustrado.


Pasaron meses y la esperanza definitivamente estaba muerta. Regresé a clases, ya era más de la mitad del curso y una amiga leía interesada un libro viejo con empastado verde. En una de ésas, más por banalidad que por real interés, le arrebaté el libro y vi las letras doradas en el lomo: Rayuela. Lo abrí, lo olí; sin detenerme en alguna, pasé mis dedos por las amarillentas hojas. Regresé a una de las primeras, había una aclaración del autor sobre el orden del libro, completaba con números y guiones, no quise saber demasiado. Lo devolví a su lectora.

Aquello que tuve entre mis manos por aproximadamente dos minutos, era el libro que me estaba quitando el sueño desde hacía meses, pero cómo saberlo, imposible. Siguieron corriendo los días hasta completarse un año desde el día que el calor, la guitarra, las figuras en el techo y la caja de ecos absurdos. En todo ese periodo, acepté lo del libro, me resigné, y por momentos hasta lo olvidé, no por completo, más bien se archivó como una espinita que se clava pero que ya no molesta. También di por sentado que Imaginantes ya estaba fuera del aire; hacía un semestre, calculo, que no se aparecía cuando los espontáneos y rísipidos encuentros televisor-el que ahora escribe.

Otra vez las vacaciones de verano; el hastío, las ganas de leer y escapar a tanta porquería. Me alcanzó un día muy parecido al de trescientos sesenta y cinco días anteriores, una calca, diría yo; salvo que los quizá acordes de Soda Stereo, eran quizá acordes de Fito Páez. Una vez más, igual de repentino, era la cápsula de hace un año, así sin esperarla. Entré en júbilo cuando el hombre que narra mencionó el título ¡Rayuela, era ese! Me trasladé a la tarde con mi amiga cuando el libro viejo de empastado verde, recordé que era una cosa entreverada, distinta; debía leerlo, ahora lo sabía más que nunca. Por el misterio de la hoja primera con números salteados y guiones, por el azar de encontrarlo cuando creía que no. Porque a todo aquello se parecía mucho- versión libro- a la anécdota relatada de ese tal Julio Cortázar. No esperé demasiado, horas después estaba en la libería adquiriéndolo. Fue así como llegúe al libro que puedo leer mil veces y no me canso, como comencé a descubrir a mi ahora autor predilecto.

Ahora que termino, se me ocurrió añadir una pequeña extrapolación del caso libro al caso amor. Sin embargo- y me sentí un poco estúpido, lo acepto- me acordé que Julio ya escribió Rayuela, y que mi entrada se titula ¿Cómo eliges un libro? Quiero saber eso, si el que me lee, lo hace por recomendación de algún conocido, por el aroma de las páginas, por el título, por el autor o por el tema; o si, involuntariamente y al igual que yo, se ha visto involucrado en el método azaroso para elegir un libro. Empiezo a sospechar que por tal vía, es el libro quien elige al lector, no el lector al libro.

Por último, dejo el link para ver la mencionada cápsula de Imaginantes. Me hubiera gustado ponerla en la entrada, pero no sé cómo se hace eso, y me dio mucha flojera investigar.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

gracias por hacer un espacio en tu tiempo para comentar.