Hola.
Se acerca el primer aniversario de este espacio y aprovecho que tengo tiempo disponible para hacer la respectiva entrada tratante al tema. Me cuesta asimilar que ya hayan transcurrido casi trescientos sesenta y cinco días desde que coloqué aquella timorata primera entrada, porque sí, eso de lanzarse al ruedo de abrir un espacio sin tener claramente que hablar, no es precisamente lo más adecuado, por lo tanto soy un perfecto inadecudo (¡oh! vaya descubrimiento).
Pero las cosas no han cambiado tanto, sigo siendo el mismo errante, al poner el hola de esta entrada no sabía que tanto iba a escribir, y heme aquí, improvisando al más puro estilo de un jazzista de New Orleans.
En definitiva Una Pared en Tecknicolor no termina de aterrizar, empezó siendo una especie de diario personal para luego tomar el rol de denuncia social (al estilo del señor Garralda... ¡no se deje!), muy bizarra, por cierto; luego me entró el gusanito de la creación literaria y alguien me convenció de que esas historias que salían de mi mente y que solo yo conocía, podían ser publicadas y leídas por alguien más; así fue que en mi mente se acostaron la vanidad y la soberbia, y me dio por querer publicar mis sosos cuentos, pero ¿dónde hacerlo? ¡claro, en el blog!
Justo cuando parecía que el blog tomaba ese rumbo apegado a la pseudo intelectualidad ¡zaz! aparece un tedioso ensayo sobre la pobreza en un pueblito que apuesto no conocías ni su nombre (y si sí, te ofrezco una disculpa)... Así ha transcurrido este año del blog, con las entradas que están disponibles y los borradores en los que se congelaron otras anécdotas urbanas, algunos cuentos, reflexiones y hasta una entrada con algo totalmente empírico, lo cual, me enteré con posterioridad, se relacionaba con la filosofía hegeliana (lo acepto, no lo publiqué porque me sentí desnudo, me dio miedo declarar sin conocer a dicho autor).
Relacionando al objeto con el sujeto (este que escribe ahora), puedo decir que mi vida, en esencia, sigue siendo la misma, salvo que: me emborracho con mayor freceuncia, tengo los zapatos más sucios, el cabello más corto y cuatro cicatrices nuevas; la mitad de las ilusiones están rotas, me encuentro gama veces más confundido, mi guitarra suena más triste y mi pluma cada día es más ambiciosa. Haciendo un balance general... mejor no hacelo.
Para celebrar el primer aniversario de Una Pared en Tecknicolor, presentaré una extensa entrada dónde expondré los grandes mitos del sexo y aquellas preguntas que pocos se atreven a hacer... ¡desilución! no lo haré. En verdad, quisiera recompensar a todo aquel que me ha seguido a lo largo de este año... un momento: no creo que exista tal; abaratemos entonces las recompensas entregándolas a todo aquel que haya llegado a este punto de la lectura... lo siento, lamento desilucionarte de nuevo, no hay tal recompensa (a menos que tú te crées una y hagas de cuenta que yo te la di). En realidad no hay nada especial para este aniversario, pensé en festejar con un par de nuevos cuentos y una nueva imagen pero no me fue posible, la depresión me inmoviliza tengo otras que hacer; tal vez más adelante.
Con el sarcasmo de siempre, drián.
*NOTA: El cuento Los dos elefantes de Luna finalmente no fue publicado en la revista Clocharde. Según me enteré, argumentaron que el texto era demasiado extenso, aunque la verdadera razón (sea cual sea, no me interesa conocerla) es conocida solo por los editores de dicha publicación, quien desee conocerla puede dirigirse a ellos.
Al respecto, hay un proyecto al que fui invitado, el cual, reconozco, me tiene emocionado y con grandes expectativas; me encantaría compartir toda la información en este mi espacio, pero esperaré a que las cosas tomen una mejor forma para hacerlo.

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